miércoles, 19 de marzo de 2008

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I


Cuando aquel médico flacucho me dio la noticia me quise morir. Es lo único que recuerdo de ese momento. Es también lo que ahora quiero. Antes por lo menos tenía la posibilidad de escribir en papelitos, hasta en las paredes. Una vez le escribí a mi hija menor que la quería mucho y se puso contenta y por la noche me trajo un bizcocho de chocolate y todo. Mi propósito no era el bizcocho, pero yo también me puse contenta. Cuando quedé sorda, podía hablar, incluso ahora puedo. Es mejor que no lo haga, no poder escucharme me aterra. Tampoco hay nadie ahora que me escuche. No puedo tampoco escribir notitas. El lápiz se me cae. La primera vez que se me cayó lloré. Escribía sí, pero ya no puedo.

II

Ser una vieja es denigrante. Ni con la capacidad que se tiene de imaginar en la juventud, imaginé esto. Tengo que soportar que una enfermera me bañe y me toque partes que en algún tiempo fueron sensibles. Me tienen que hacer avioncitos para que coma. Se me ha olvidado el hambre.
Ayer mientras uno de los enfermeros me cargaba para ir al baño vi en sus ojos algo que me devolvió el aliento. Fue una mirada tierna, sus ojos brillaban. Me recordó un pedazo del pasado.
Yo que era muy coqueta, les decía a todos los chicos del barrio que los iba a recordar toda la vida. Los muy pobres se lo creían y al poco tiempo ya los olvidaba. Pero este enfermero, justo este, me devolvió un poco a los hombres que quise y que quizás todavía quiero, aunque sea en recuerdos demasiado remotos. Ese parece ser el único patrimonio que tiene una cuando es vieja; pedazos, mi memoria es un rompecabezas que ahora ya no puedo, ni quiero armar.
¿Porqué hablo tanto, digo hablo a esto de pensar, si nadie me escucha?
Es tarde. Es mejor que duerma. Me imagino que los grillos deben estar cantando. A esta hora cantaban cuando escuchaba.


III


Hoy se supone que venga Esther a visitarme. Imagino que le aborrezco en este estado. Vieja y sorda. Judith, en cambio, le hubiera alegrado verme. Apuesto que si aún viviera, me hubiera traído el bizcocho de chocolate que tanto me gustaba. En realidad el bizcocho no me gustaba tanto. Me gustaba, en cambio, compartir ese rato con Judith. Desde que murió no he vuelto a comer bizcocho de chocolate. Ya perdió todo su sentido, como tantas otras cosas.


IV


Mi capacidad de imaginar no está tan mala. Esther vino a verme solo porque la parí. Me preguntó en un papelito que cómo estaba. Le hice un gesto con la cabeza creo. Me trajo ropa nueva. Una bata floreada. De chica decía que nunca usaría una bata en mi vida y ahora hasta me brillaron los ojos con la batita. Las flores son muy coloridas. Me hacen falta colores. Este cuarto parece de la NASA. Todo blanco. ¿A quién le dan ganas de vivir así? Parece cosa de muertos. ¿Estaré muerta?


V


Cómo voy a estar muerta si me quiero morir. Se supone que los vivos sean los únicos capaces de querer algo ¿no?


VI


Ya no sé cuando es de día o de noche. La enfermera cerró las cortinas de la ventana. Ahora duermo a cualquier hora. Duermo cuando quiero. Las pastillitas para el sueño las cambian de color cada cierto tiempo. Yo las colecciono porque los colores me ponen contenta todavía. Me tomo una para decidir cuando quiero dormir. No las tomo mucho, porque me gusta ponerlas en mi mano y observarlas un rato largo. Todas juntas parecen una pequeña primavera.


VII


Ayer soñé. Soñé que estaba en un campo florido. Rodeada de flores de todo tipo y fui feliz. Hace años que no soñaba, pero la felicidad fue corta.. La enfermera me despertó, justo cuando me fijaba en un pájaro que construía su nido.


VIII


Hoy Esther no vino.


IX


No sé que hago viva. Hace días que no como. La enfermera no me convence con sus avioncitos. Tengo muchas pastillitas de colores. Llevo semanas coleccionándolas.


X


Cómo seré cuando muera. Me quiero morir sí. Tengo miedo. ¿Qué hay peor que esto?


XI


Miraré las pastillas en mi mano y pensaré en colores. Muchos colores, así olvidaré el resto. Estoy segura que voy a lagrimear, pero quién sabe. La enfermerita no me despertará. Espero.

6 comentarios:

Ser Aquí dijo...

aterra esto de irse quedando sin palabras...

La Palo-ma dijo...

La enfermera me despertó, justo cuando me fijaba en un pájaro que construía su nido.

Perra!!!!!!!!
Fucking nurse jajaja

te quedo bueno Cris.
beso

Santey Herco dijo...

Lo aplaudo compañero.
Quedar sin comas, sin puntos suspensivos, y solo un punto nos guiña los ojos.

Basquiat dijo...

todo tan desgarrador y tan profundo, la escena del bizcocho que ya no le gusta comer me trajo un triste recuerdo.
felicidades por su buen arte amigo, volveré.

Juanluís Ramos dijo...

Oye, que bueno está este. aplausos!

Sergio C. Gutiérrez-Negrón dijo...

La extensión no te viene mal, mister Ibarra. Para nada. Deberías hacerlo más a menudo.