martes, 2 de marzo de 2010

Réplica a Juan

Hay días que uno no sabe si amanece como continuación del día anterior. No hablo de alcohol. Hablo de esos días que uno amanece como en otro mundo, sabiendo que irremediablemente está en el de siempre. No sé si esto es triste o no. Pero no todos los días son continuación. Los amigos, por ejemplo. Uno comparte con amigos o algo parecido y no todo es continuación. Hace un tiempo que tomé una clase con Juanluís –nunca le he preguntado por qué su nombre se escribe así– Y ningún día era continuación. Uno lo veía, le hablaba, lo abrazaba (porque dan ganas de abrazarlo) y cada día era sentirse como en otro mundo y siempre estando en este.

Juanluís es un tipo triste, él lo sabe. Si no le hablas difícilmente él lo hará. Las palabras le salen a cuentagotas, como migas de pan que alguien lanza por caridad, porque no hay otro remedio y son casi un milagro. Pero uno sabe que no es adrede, sino que simplemente no habla o lo hace poco.

Hay silencios repugnantes, como cuando se está con una mujer que recién se conoce y ninguno de los dos habla y uno quiere escapar, echar a correr para engañar al cuerpo y hacerle creer que escapa. Pero el silencio con Juanluís era otra cosa. El silencio con él era un sitio común y corriente, una esquina en la que uno se sienta, o un sillón caro de ésos que ambos jamás llegaremos a tener.

Ya no tomo la clase -bastante mala por cierto- con Juanluís. A veces me lo cruzo y le pregunto que cómo está, sabiendo que nunca lo sabré y quizá tampoco nadie. Y es que cómo uno sabe cómo está. Yo no sé qué es estar.

“Aveces pierdo el control y digo cosas que no debí haber dicho. Aveces pierdo el control y no digo las cosas que debí decir”. Estas dos líneas son de Juanluís. Si uno se fija: “Aveces” está escrito junto. A mí me enternecen las faltas de ortografía de él. Creo que, más que faltas, son añadiduras. Porque si uno ve más allá, lo que se escribe desde ésa víscera que uno tiene y siempre o casi siempre esconde, las cosas salen sin correcciones, imperfectas, como todo lo bueno.

Estas dos líneas son las más, las más babillosas, por llamarlo de algún modo, que he leído en buen tiempo. No creo que tenga que explicar el porqué ni que haya mucho que decir. Realmente siempre hay muy poco que decir.

Los días que son continuación son, por lo general, alegres, conocidos, previsibles. Con Juanluís, ahora viéndolo poco y cruzándomelo poco también, ningún día es continuación. No sé por qué. Quizá sea por sus pocas palabras, por un silencio siempre renovado, o la tristeza que le veo en la cara y las manos y que admiro. Siempre he admirado la tristeza y no sé por qué. Hay que tener huevos para estar triste.

3 comentarios:

Sofía Cáceres Nazario dijo...

Me agrada el diálogo literario, tengo ganas ahora de responder a aquella entrada, sólo que por desconocer no me atrevo. Ciertamente es muy sincera.

Me parece que la valentía no está en la tristeza en sí, sino en su aceptación, en no intentar llenarla con cosas que no la resuelven. Por ello es que me agrada la conclusión aquella "quiero madurar". No digo que esa sea la solución... o sea, qué supone madurar, para qué, quién o quienes?, sino que es un tanteo, un intento, algo necesario para no quedarse solo con la tristeza.

Muy buenas entradas, personales pero que logran apelar a gente de afuera, como fue mi caso.

Christian Ibarra dijo...

comprendo tu punto. pero cómo se asume la tristeza, cuándo uno se da cuenta de que ocurre esa asunción, que no hay algo más esperando, quizá más triste. no sé, es difícil. gracias por comentar y leer.

edmaris dijo...

"Porque si uno ve más allá, lo que se escribe desde ésa víscera que uno tiene y siempre o casi siempre esconde, las cosas salen sin correcciones, imperfectas, como todo lo bueno." esto debería ser un mantra del escritor!
y a mí me pasa lo mismo con lo de la tristeza en la gente, es algo que hala a uno como los abismos... el otro día en una película decía "there's a sadness in you that I like in moderation" pero lo que a uno le gusta casi nunca es en moderación! un placer leerte!