lunes, 4 de junio de 2007

el té

-Mijito- ¿te hago un té?, ¿nos acompañas?
-No gracias, respondí-
En sus ojos rasgados un poco por la naturaleza, pero más por las vetas del tiempo se dibujó una tristeza honda. Cuando escuchó “no gracias” apretó suavemente los labios y tragó saliva.
Todos los días me pregunta si quiero té, con la esperanza de recibir un “sí” como respuesta. En realidad no soy muy amante del té, quizá se deba a esa rara afición que sentimos la gente del trópico por el café.
Siempre me siento una porquería cuando le digo “no gracias”. Y sin embargo sigo diciéndole “no gracias”.
A veces los observo escondido detrás de la ventana a los dos solos sentados en la mesa. En éste; su pacto cotidiano, curiosamente nunca hablan. Se lanzan miradas fijas pero las palabras nunca están invitadas a la mesa.
Ayer, cuando le respondí “no gracias” me fui al cuarto a leer unas cosas. Cuando salí del cuarto la casa estaba a oscuras. Se habían acostado. Fui al comedor, observé la mesa y ahí estaban las dos tazas, en sus respectivos platos. Sentí como si me hubiesen dado una puñalada y a oscuras lloré.
A fin de cuentas quizá, así sea mejor. Prefiero observarlos escondido, ya que el té para ellos es un rito, una procesión de silencios que aún no me atrevo a quebrantar.

1 comentario:

Santey Herco dijo...

El té, resulta un movimiento de cucharas, de tazas, de terrones de azúcar, de leche, de limón, etc. Uno de los más directos en afinidad resulta el mate, aún al probarlo, creo que sólo absorbo agua con algún colorante y un sabor amargo. Soy ajeno a él, solo transfiero un recuerdo de libros al acto, se configura de metáforas, de palabras revueltas entre humo de cigarros, entre discusiones de papel de seda, y acordeones de corteza. No sé, el té es elemento de un ritual como vos decís, un silencio. El café son ondas de voces entre miles de pujanzas y andanzas. El proceso del café es cultivo, cosecha, tostado, molido, disuelto, tomado, es decir una hemerografía que sobre hombros de elefantes anda, no es disminuir a rango de recolección al té, solo que las palabras son cortas, pues un lenguaje corporal se abre a puertas y percepciones, el café, se ensancha en todos esos intermedios, y medios, rasga las vestiduras de los hombres y mujeres y comienza un éxodo al silencio, que nunca se alcanza, pero se inicia. El té viene del silencio al grito eufórico. ¿Hay medio? No lo sé de cierto, supongo que deberíamos empezar a remojar palabras en agua caliente, tal vez, se diga algo.

Atentamente
Santey Herco

Pd. Bueno pues me encontré el link en lo de una paloma, y pase, y el deseo de poner palabras se hizo, y bueno aquí están.